Beto o Don Beto es la cuestión!
Cuántas cosas esconden las personas que trabajan en la calle, cómo es su vida, su “horario de trabajo” y sobre todo, que sienten cuando trabajan, cuando hay una moneda o cuando no.
Ésta es la suerte de los que no han sido escuchados aún.
Más conocido como “Beto”, este pequeño se levanta muy temprano y alista todos sus útiles. Camina muchas cuadras hacia el norte, y en la ave- Ruiz Cortines y Simón Bolívar frente a una gasolinera, deja todos sus útiles de trabajo, cierra los ojos, ora y le pide a Dios que le vaya bien, pues no quiere quedarse sin un peso esta noche.
Sin saber matemáticas, pues no recibió educación alguna, sabe que tiene menos de un minuto (lo que dura el semáforo del crucero de rojo a verde) para lavar los vidrios de los carros que pasan por esa Avenida. A él no le gusta mendigar, pues pedir limosna, “es como robar, pero decentemente” tal como afirma él.
El agua la tiene que sacar de una manguera donde riegan la jardinera de la gasolinera, e inmediatamente la vierte en el balde que le tiene que durar hasta la noche.
Es la primera vez que veo una persona, más aún, un niño que trabaja de 8:00 AM a 8:00 PM casi sin descanso, siempre solo, sin tener ni siquiera 15 minutos para almorzar, y con qué dinero, si la gente lo desprecia.
La esperanza de este niño se enciende como el semáforo que ahora está en rojo, pero le dura tan poco, como el tiempo que dura el semáforo cuando está en verde. En pocos minutos, empieza a limpiar los vidrios de los carros, muchas veces le pitan o le echan el carro atrás (casi a punto de atropellarlo) para que no lo limpie, le suben la ventana y los conductores le miran su tristeza y su agonía al rogarle que le den una moneda para que pueda comer por la noche. A cada rato, Beto se planta firmemente en la ventana del conductor y sin murmurar palabra, no alcanza a decir ni siquiera “por favor”, y los conductores lo niegan, lo ignoran; por eso, a veces toca lanzarse al limpia brisas de adelante, a veces al de atrás para que a los conductores les toque dar aunque sea una simple moneda. Me pongo a pensar si Beto serviría para ser psicólogo.
Su tristeza queda por siempre impregnada en la ventana del conductor que a veces no tiene la conciencia de los niños de la calle, no tiene noción de lo que le sucede a Beto; entonces el pequeño se resigna, le agradece y con las manos vacías intenta con otro carro.
La suerte es la que gobierna ahora y el “no” abunda en las respuestas. Otro turno en el que no gana nada, otro turno en el que se irán las manos negras de trabajo, mientras los carros Mercedes, BMW y Volkswagen arrancan directo al Obispado, o simplemente siguen la trayectoria por la Ave Ruiz Cortines.
Y a la típica escena de película, empieza a hacer bastante calor, aunque para el pequeño limpia vidrios no es excusa para que huya de su misión y persiste en trabajar; espera que nuevamente el semáforo cambie a rojo para seguir trabajando, un nuevo trabajo, una nueva esperanza, y esta vez, muchos carros. De nuevo el balde, el limpiavidrios y su sonrisa. De nuevo la negación, el vidrio, los carros y la tristeza.
Ya se acerca la noche, y “Beto” solo recibió $100 pesos, seguramente es muy poco, pero cien pesos le sirve para huevos y frijoles, tortillas y leche y jugar a las maquinitas.
Han pasado dos días y Beto no aparece en la calle, pareciera que se hubiera tomado el día libre, quizás hoy no venga a trabajar; en cambio, sus “compañeros de oficina” se esfuerzan por ganar más, aprovechando que él no viene, o quizás le ayuden cuando regrese, pero en este mundo, donde escasea el dinero, donde cuesta trabajo trabajar (más aún en la situación de esta “profesión”), donde muchos Betos empiezan a quedarse sin estudio; hay que dudar que las monedas que consigan niños de su misma edad, incluso mayores y menores que él, se la puedan dar. Muchos necesitan el trabajo para mantener a la familia. Para sobrevivir en este mundo complicado e incluso para evitar caer en la pena de pasar hambre.
Después de estar ausente esos días, sucio y más cansado que nunca, “Beto” llega a su lugar de trabajo y repite la misma situación, pero él ya está acostumbrado – según él – pero no están acostumbrados sus ojos, su fuerza. El trabajo lo va desgastando poco a poco, menos horas de sueño, menos comida, más trabajo, más horas, más noches.
Al haberle preguntado el porqué de su ausencia los días anteriores dio una respuesta cómica. Es increíble que un niño como él tenga suficiente humor y creatividad para momentos tan difíciles como el que atraviesa casi a diario: “es que quise tomarme unas cortas vacaciones” – me dice mientras abandona en el suelo sus útiles. Definitivamente una respuesta agridulce, pero así es él, un niño de apenas 12 años y con un enorme sentido del humor, que pone a pensar, cómo tanto trabajo nos pone a veces de muy mal humor.
Cuántas veces vemos a nuestros familiares que llegan muy cansados, a veces de mal genio y otras veces silenciosos después del trabajo; en cambio, éste pequeño siempre tiene un ánimo gigante, una esperanza diaria y sobre todo, un empuje a hacer las cosas que varios niños de “otra estirpe” no lo harían. Su espontaneidad de su respuesta me deja impresionado, me llena de energía saber que existe gente como él, y que nadie le preste aunque sea cinco minutos para conocerlo.
Así puede ser la situación de varios niños que trabajan en diferentes calles de esta Cd. que presume su primer mundo, unos pueden sufrir más que Beto, otros menos que él. Así es la vida de los hombres que nunca los oyen hablar, de los que no tienen como hacerlo ni como expresarse en una sociedad que en su gran mayoría, le importa menos el otro, ya sea por cualquier motivo válido o no válido. Así viven lo que jamás son escuchados, los que gracias a una poca cantidad de gente buena son auxiliados; pero muchos no nos damos cuenta de su sufrimiento, de la realidad que viven aquellos seres, una realidad que puede ser muy distinta a la nuestra.
Y si así son los “niños de la calle”, los limpiavidrios. ¿Cómo será la realidad de los pordioseros, los indigentes, los “desechables” y los necesitados?.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Mensajes Celestiales...
Mensajes Celestiales
Llegó agosto y los vientos empezaban a arreciar. –Constrúyenos una cometa papá-, pidieron los niños. -Este fin de semana-, les prometió sin convicción el padre, mientras pensaba en cómo hacer para llegar sin deudas a fin de mes. Desde que su esposa muriera se complicaba la vida para ellos. Había tomado la difícil decisión, contra los consejos mayoritarios, de aceptar un trabajo de medio tiempo para atender a sus pequeños y estar en casa cuando ellos llegaran de la escuela. Pero le estaba pasando factura el esfuerzo. Los gastos eran muchos y el dinero escaseaba.
Llegado el fin de semana le pidieron hacer la cometa. –Lo siento niños, no tengo dinero para comprar los materiales. –No te preocupes papito, ahorramos lo del domingo y compramos el papel y las cañitas, podemos hacer engrudo con un poco de harina y listo, porfis. Derrotado ante tal argumento, el papá se dispuso a confeccionar el delicado artefacto volador. Decidieron hacerlo en forma de rombo, como cola le ataron retazos de un viejo mantel. Unos cuantos pesos extraídos del bolsillo del padre solucionaron lo del carrete.
Al día siguiente, domingo por la tarde, salieron al parque a volar el artificio de papel y caña. El poco viento no elevaba la cometa y los niños estaban muy tristes ante los frustrados intentos. El papá estaba algo incómodo por el tiempo empleado y quería volver a casa para seguir trabajando en algunos pendientes. –Papá una vez más por favor, es importante que la cometa llegue muy muy alto-. -¿Porqué niños, el próximo domingo lo haremos?. – No, porfis, tiene que ser hoy. –Pero comprendan no sopla el viento y se me hace tarde. –Papito tiene que ser hoy, porque mañana de repente decides volver a trabajar todo el día y no te veremos ni los fines de semana y necesitamos que la cometa llegue alto para que la vea mamá desde el cielo y se acuerde de nosotros y… de repente nos envíe algo de ayuda para que el dinero nos alcance y no tengas que dejarnos solos en las tardes…
El silencio se extendió por todo el lugar. Miles de preguntas empezaron a surgir en la mente del padre. No dijo nada más, le dio el carrete al mayor y empezó a correr con la cometa, a determinada distancia la soltó y entonces se elevó por los aires, volvió donde sus hijos, pero no agarró el carrete, dejó que ellos lo manejaran, indicándoles suavemente de vez en cuando que hacer para que no cabecee tanto, para que se vuelva a elevar, así, hasta que agarró impulso y era un punto casi irreconocible en el cielo. Al regresar a casa una determinación se fortaleció en el corazón del padre, una seguridad se anidaba en el alma de los niños y hasta el horizonte parecía que les sonreía. Nuestro ángel en el cielo recibió el mensaje.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida…
Llegó agosto y los vientos empezaban a arreciar. –Constrúyenos una cometa papá-, pidieron los niños. -Este fin de semana-, les prometió sin convicción el padre, mientras pensaba en cómo hacer para llegar sin deudas a fin de mes. Desde que su esposa muriera se complicaba la vida para ellos. Había tomado la difícil decisión, contra los consejos mayoritarios, de aceptar un trabajo de medio tiempo para atender a sus pequeños y estar en casa cuando ellos llegaran de la escuela. Pero le estaba pasando factura el esfuerzo. Los gastos eran muchos y el dinero escaseaba.
Llegado el fin de semana le pidieron hacer la cometa. –Lo siento niños, no tengo dinero para comprar los materiales. –No te preocupes papito, ahorramos lo del domingo y compramos el papel y las cañitas, podemos hacer engrudo con un poco de harina y listo, porfis. Derrotado ante tal argumento, el papá se dispuso a confeccionar el delicado artefacto volador. Decidieron hacerlo en forma de rombo, como cola le ataron retazos de un viejo mantel. Unos cuantos pesos extraídos del bolsillo del padre solucionaron lo del carrete.
Al día siguiente, domingo por la tarde, salieron al parque a volar el artificio de papel y caña. El poco viento no elevaba la cometa y los niños estaban muy tristes ante los frustrados intentos. El papá estaba algo incómodo por el tiempo empleado y quería volver a casa para seguir trabajando en algunos pendientes. –Papá una vez más por favor, es importante que la cometa llegue muy muy alto-. -¿Porqué niños, el próximo domingo lo haremos?. – No, porfis, tiene que ser hoy. –Pero comprendan no sopla el viento y se me hace tarde. –Papito tiene que ser hoy, porque mañana de repente decides volver a trabajar todo el día y no te veremos ni los fines de semana y necesitamos que la cometa llegue alto para que la vea mamá desde el cielo y se acuerde de nosotros y… de repente nos envíe algo de ayuda para que el dinero nos alcance y no tengas que dejarnos solos en las tardes…
El silencio se extendió por todo el lugar. Miles de preguntas empezaron a surgir en la mente del padre. No dijo nada más, le dio el carrete al mayor y empezó a correr con la cometa, a determinada distancia la soltó y entonces se elevó por los aires, volvió donde sus hijos, pero no agarró el carrete, dejó que ellos lo manejaran, indicándoles suavemente de vez en cuando que hacer para que no cabecee tanto, para que se vuelva a elevar, así, hasta que agarró impulso y era un punto casi irreconocible en el cielo. Al regresar a casa una determinación se fortaleció en el corazón del padre, una seguridad se anidaba en el alma de los niños y hasta el horizonte parecía que les sonreía. Nuestro ángel en el cielo recibió el mensaje.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida…
Gotcha Sirio..
Gotcha Sirio..
Hace algunos días el niño supo qué era la muerte.
Velaron a su padre en medio de llantos desenfrenados allí en Al Qasser. ¿Dónde queda Homs?, allí lo asesinaron. ¿Dónde queda Damasco?.
Esa era su pregunta constante y nadie le hizo caso.
Los asesinos de su padre estaban en esa ciudad. No lloró durante todo el velorio y el entierro posterior.
Antes de irse esa mañana el padre le dio una cachetada en la mejilla porque estaba llorando, luego le enjuagó las lágrimas y le acomodó los rizos.
Dos días después la noticia de su muerte cayó como una bomba en su casa.
Ahora avanza por el camino hacia Damasco. Por lo menos por donde cree que llegará.
Tiene cruzada a la espalda una escopeta de retrocarga, una ametralladora corta en la mano derecha, ambas listas para accionar.
En la mano izquierda sostiene libros de su escuela con el mapa de su país.
Lo encontraron dos semanas después. La bala que lo atravesó no era rebelde ni de su gobierno, era estadounidense.
Siria pierde a su infancia en el Gotcha Sirio...
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida.
Hace algunos días el niño supo qué era la muerte.
Velaron a su padre en medio de llantos desenfrenados allí en Al Qasser. ¿Dónde queda Homs?, allí lo asesinaron. ¿Dónde queda Damasco?.
Esa era su pregunta constante y nadie le hizo caso.
Los asesinos de su padre estaban en esa ciudad. No lloró durante todo el velorio y el entierro posterior.
Antes de irse esa mañana el padre le dio una cachetada en la mejilla porque estaba llorando, luego le enjuagó las lágrimas y le acomodó los rizos.
Dos días después la noticia de su muerte cayó como una bomba en su casa.
Ahora avanza por el camino hacia Damasco. Por lo menos por donde cree que llegará.
Tiene cruzada a la espalda una escopeta de retrocarga, una ametralladora corta en la mano derecha, ambas listas para accionar.
En la mano izquierda sostiene libros de su escuela con el mapa de su país.
Lo encontraron dos semanas después. La bala que lo atravesó no era rebelde ni de su gobierno, era estadounidense.
Siria pierde a su infancia en el Gotcha Sirio...
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida.
La Casa de las Putas
Es de noche, un haz de luz imaginario que cae del cielo me señala.
Un hilo invisible me lleva a ese lugar.
Una casa grande, de dos plantas, a media luz, ambigua, oscura, misteriosa, la casa de las putas; Leyenda urbana se dice que un misógino acabo con todas. Casa embrujada de putas, llama la curiosidad de cualquiera y mas si uno en pan piensa.
Me dirijo por una pequeña escalera que me condena al salón de entrada y toco el timbre.
La voz de una alegre muchacha rompe el hechizo y me saluda con naturalidad. ¡Adelante Caminante!
Entro con cierta timidez y sin saber con certeza el motivo de mi visita.
Ella me mira expectante.
Las palabras salen de mi boca: Me dijeron que en esta casa hay putas fantasmas… ¿es cierto?
Para mi sorpresa ella me contesta con normalidad: Sí, ¿quieres verlas? Pasa sin temor…
Salimos por la puerta trasera de la casa, apenas estaba anocheciendo.
Un camino de piedra con objetos derruidos a su lado.
Al final del camino una arcada de piedra. Al cruzar veo un cementerio, aparentemente abandonado.
Hay pabellones grises, destruidos una placa con sus nombres "Rosy Roles",
"La Vicky", "La Guera Musiquera", en el lugar no hay verde, no hay vida.
No cantan los pájaros, no entra el sol. El aire parece estar quieto.
La actitud de mi guía contrasta con el contexto.
Despreocupada y casi divertida me indica una cueva en la cual me dice que hay espíritus de las tres putas.
Me acerco. Veo oscuridad. Esfuerzo la vista. Espero.
Veo un movimiento, una sombra que se mueve.
La fascinación se apodera de mí. Necesito ese mensaje.
De pronto al ritmo de -Twist and Shout ... ella comienza a girar y pequeñas sombras blancas, esqueléticas bailan a mi alrededor.
¿Se divierten conmigo? ¿Se burlan de mí?
¡Hablen! ¡Díganme algo! ¿Qué hay detrás de tanta muerte? ¿Hay vida? ¿Hay bondad?.
Una profunda insatisfacción me invade el pecho al no encontrar respuesta.
Los mismos pensamientos malignos. Cambian las personas. O son las mismas.
Camino sin pensar, sin respuestas, vejado por las putas fantasmas.
El resto del trayecto es en silencio. Prometo volver con refuerzos.
Soy Hank Chinaski desde el backstage de la vida.
miércoles, 19 de junio de 2013
Monterrey Bajo Fuego. El Sabino Gordo...
De mi Libro Monterrey Bajo Fuego..
Debe advertirse que quien busque unidad temática o estilística en este libro no va a encontrarla: aquí lo anecdótico, lo chusco, lo dramático, lo trivial, aun lo poético entran en conjugación solo por la integración del enfoque psicológico.
En el libro Monterrey Bajo Fuego existen mezclados lo bueno y lo malo en buenos y malos, sin maniqueísmo, sin parálisis ca...racterológica de los tipos y arquetipos literaturizados; en el relato confluyen la magia, la contradicción, la tensa agresividad, la destructividad de los hechos y los dichos de una vida conflictiva propiciada por un gobierno endeble que le declaro la guerra al narco.
El Sabino Gordo…
Soy recibido como de costumbre, con grandes aspavientos y señales de gusto.
El portero del bar no duda ni un segundo en dirigirme con sus refinados meseros a la mesa del frente, soporte de mis tragos amargos de cada, jueves, viernes y sábados.
Sin lugar a dudas un lugar hediondo a los ojos de aquellos clientes primerizos, en mi caso no lo es, tengo el olfato impregnado de ese maldito perfume, mismo que han de adquirir en cantidades industriales para ocultar el hedor de las colillas apagadas en la alfombra de un pisotón, los ácaros de las pieles talladas, los tragos vertidos y evaporados, eructos de cebada, uva y agave.
Las putas bailan sobre la superficie de cristal templado de buen grosor, un detalle delicado a considerar si se comparan las tarimas de otros antros, los estrobos bajo el cristal animan a las acróbatas del cetro a abrir las piernas y sorprender, sin pelos ni pudores, los rostros de aquellos ermitaños que apenas han conseguido unos pesos para un trago y beberse la fibra de las carnes en la plancha transparente.
Una y otra, y luego otra más, delgadas, morenas, de grandes pechos, de culo fastuoso, rubias, de ojos bonitos sólo una, van desfilando a la pista, primero música fuerte, ágil, cualquier estridencia y la pieza de danza es igual de estrambótica; después, música de dieta, melosa, de susurros y uh’s prolongados, los movimientos son iguales, ligeros, lentos, de cadencia descarada e incitadora.
Los clientes, embelesados con esas bellezas que nunca tendrán cada noche en su cama, les compran tragos, bebidas exóticas de grandes copas con muchos hielos, ellas argumentan una disculpa por la sed y lo tragan con la solemnidad del dromedario antes de cruzar el Sahara, antes del último sorbo piden una copa más que abandonan sobre la mesa al largarse para atender a un frustrado que ya pagó su boleto a la puerta del paraíso, a la puerta solamente: lo que dure una canción y el frotar de las curvas desnudas contra la ropa del tipo lo habrá hecho extasiarse y reconfirmar su virilidad.
Pido otro áspero trago, agua mineral con hielo, el mesero me atiende con prestancia a pesar de que jamás dejo propinas superiores, las chicas no se acercan, sólo ven a un hombre misterioso que nunca falta para ver a Brittany.
El animador del lugar anuncia la salida magna de la noche, la estrella subterránea, es ella, semejante dama, la causa para venir a este congal sopa de frustración, hipocresía y ambición. Las luces se apagan, un proyector le crea una gemela negra sobre la pared, aplausos, gritos, comienza la música y el baile, es una diosa, vuelan sus piernas, menea las nalgas ataviada de un disfraz de alta ejecutiva: medias caladas, falda corta, blusa de fuerza al parecer por los senos casi asfixiados en lucha saltarina por ser liberados, negra lencería asoma de vez en vez a la par de su rutina, peinado de salón, lentes claros.
Un sorbo a mi trago, la tristeza me invade, miro al público en turgencia visible, algunos se manosean en su silla, ya hay interesados en el baile privado con la diosa, veo a la boletera comerciar con caricias que no son las suyas, me duele, yo no puedo pagarla. La segunda pieza descubre su cuerpo infinito, la lencería descansa y se apesta en el piso, ella se arrastra cual gata en celo, luego se tira boca arriba y sus senos le abarcan el pecho planchado, apunta sus rodillas al cielo multicolor, flash, mi corazón se apretuja y ella, como todas, ha abierto los perniles y asoma esos labios sin voz.
De nuevo gatea, se acerca a mi mesa y como cada noche, me roba el alma con su mirada, ya lo había dicho, es la única de ojos bonitos, la música acaba y vienen los aplausos, la ovación general, el maestro de ceremonias la despide e invita a aquellos pudientes a pagar un trato especial en privado, cielo mío, no puedo pagarte, me reclamo.
El resto de las niñas es igual, no en virtud, sino en defecto, por lo cual no vale la pena quedarse, así que pago el consumo y dejo la raquítica propina, el portero me despide con la misma emoción con la que me recibió.
Unos pocos pasos y llego a mi taxi, me encierro con un cigarro, lloro, y no lo hago por ser empleado y verme, además, obligado a trabajar de chofer por las noches, lloro porque la amo. Dos horas después Brittany toca el cristal de la ventanilla, le abro la puerta y entra entra conmigo, un silencio muestra la tristeza a brote pero también un alivio sin límites. Le pregunté cuántos privados hizo, siete fue su respuesta antes de romper a llorar, y yo, destruido, lloré con ella, ambos nos dirigimos rumbo a Cd. Solidaridad donde fincamos nuestras esperanzas.
El 8 de julio de 2011 veinte personas fueron asesinadas en un ataque al bar Sabino Gordo, también atribuido al cártel del Golfo. Monterrey es escenario de una cruenta lucha entre los carteles de Los Zetas y sus antiguos aliados del cartel del Golfo, que ha dejado numerosas víctimas. La pugna de ambas organizaciones y los enfrentamientos de estas con las fuerzas de seguridad en Nuevo León ocasionaron la muerte de unas dos mil personas en 2011.
Monterrey ha sido catalogada como una de las ciudades más acosadas por la narcoviolencia.
Ambos esposos salieron media hora antes, Brittany ahora es ama de casa y su esposo continua contando historias, los personajes y los hechos de esta novela son reales estoy en deuda con los que generosamente me dieron la información.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la Vida.
Debe advertirse que quien busque unidad temática o estilística en este libro no va a encontrarla: aquí lo anecdótico, lo chusco, lo dramático, lo trivial, aun lo poético entran en conjugación solo por la integración del enfoque psicológico.
En el libro Monterrey Bajo Fuego existen mezclados lo bueno y lo malo en buenos y malos, sin maniqueísmo, sin parálisis ca...racterológica de los tipos y arquetipos literaturizados; en el relato confluyen la magia, la contradicción, la tensa agresividad, la destructividad de los hechos y los dichos de una vida conflictiva propiciada por un gobierno endeble que le declaro la guerra al narco.
El Sabino Gordo…
Soy recibido como de costumbre, con grandes aspavientos y señales de gusto.
El portero del bar no duda ni un segundo en dirigirme con sus refinados meseros a la mesa del frente, soporte de mis tragos amargos de cada, jueves, viernes y sábados.
Sin lugar a dudas un lugar hediondo a los ojos de aquellos clientes primerizos, en mi caso no lo es, tengo el olfato impregnado de ese maldito perfume, mismo que han de adquirir en cantidades industriales para ocultar el hedor de las colillas apagadas en la alfombra de un pisotón, los ácaros de las pieles talladas, los tragos vertidos y evaporados, eructos de cebada, uva y agave.
Las putas bailan sobre la superficie de cristal templado de buen grosor, un detalle delicado a considerar si se comparan las tarimas de otros antros, los estrobos bajo el cristal animan a las acróbatas del cetro a abrir las piernas y sorprender, sin pelos ni pudores, los rostros de aquellos ermitaños que apenas han conseguido unos pesos para un trago y beberse la fibra de las carnes en la plancha transparente.
Una y otra, y luego otra más, delgadas, morenas, de grandes pechos, de culo fastuoso, rubias, de ojos bonitos sólo una, van desfilando a la pista, primero música fuerte, ágil, cualquier estridencia y la pieza de danza es igual de estrambótica; después, música de dieta, melosa, de susurros y uh’s prolongados, los movimientos son iguales, ligeros, lentos, de cadencia descarada e incitadora.
Los clientes, embelesados con esas bellezas que nunca tendrán cada noche en su cama, les compran tragos, bebidas exóticas de grandes copas con muchos hielos, ellas argumentan una disculpa por la sed y lo tragan con la solemnidad del dromedario antes de cruzar el Sahara, antes del último sorbo piden una copa más que abandonan sobre la mesa al largarse para atender a un frustrado que ya pagó su boleto a la puerta del paraíso, a la puerta solamente: lo que dure una canción y el frotar de las curvas desnudas contra la ropa del tipo lo habrá hecho extasiarse y reconfirmar su virilidad.
Pido otro áspero trago, agua mineral con hielo, el mesero me atiende con prestancia a pesar de que jamás dejo propinas superiores, las chicas no se acercan, sólo ven a un hombre misterioso que nunca falta para ver a Brittany.
El animador del lugar anuncia la salida magna de la noche, la estrella subterránea, es ella, semejante dama, la causa para venir a este congal sopa de frustración, hipocresía y ambición. Las luces se apagan, un proyector le crea una gemela negra sobre la pared, aplausos, gritos, comienza la música y el baile, es una diosa, vuelan sus piernas, menea las nalgas ataviada de un disfraz de alta ejecutiva: medias caladas, falda corta, blusa de fuerza al parecer por los senos casi asfixiados en lucha saltarina por ser liberados, negra lencería asoma de vez en vez a la par de su rutina, peinado de salón, lentes claros.
Un sorbo a mi trago, la tristeza me invade, miro al público en turgencia visible, algunos se manosean en su silla, ya hay interesados en el baile privado con la diosa, veo a la boletera comerciar con caricias que no son las suyas, me duele, yo no puedo pagarla. La segunda pieza descubre su cuerpo infinito, la lencería descansa y se apesta en el piso, ella se arrastra cual gata en celo, luego se tira boca arriba y sus senos le abarcan el pecho planchado, apunta sus rodillas al cielo multicolor, flash, mi corazón se apretuja y ella, como todas, ha abierto los perniles y asoma esos labios sin voz.
De nuevo gatea, se acerca a mi mesa y como cada noche, me roba el alma con su mirada, ya lo había dicho, es la única de ojos bonitos, la música acaba y vienen los aplausos, la ovación general, el maestro de ceremonias la despide e invita a aquellos pudientes a pagar un trato especial en privado, cielo mío, no puedo pagarte, me reclamo.
El resto de las niñas es igual, no en virtud, sino en defecto, por lo cual no vale la pena quedarse, así que pago el consumo y dejo la raquítica propina, el portero me despide con la misma emoción con la que me recibió.
Unos pocos pasos y llego a mi taxi, me encierro con un cigarro, lloro, y no lo hago por ser empleado y verme, además, obligado a trabajar de chofer por las noches, lloro porque la amo. Dos horas después Brittany toca el cristal de la ventanilla, le abro la puerta y entra entra conmigo, un silencio muestra la tristeza a brote pero también un alivio sin límites. Le pregunté cuántos privados hizo, siete fue su respuesta antes de romper a llorar, y yo, destruido, lloré con ella, ambos nos dirigimos rumbo a Cd. Solidaridad donde fincamos nuestras esperanzas.
El 8 de julio de 2011 veinte personas fueron asesinadas en un ataque al bar Sabino Gordo, también atribuido al cártel del Golfo. Monterrey es escenario de una cruenta lucha entre los carteles de Los Zetas y sus antiguos aliados del cartel del Golfo, que ha dejado numerosas víctimas. La pugna de ambas organizaciones y los enfrentamientos de estas con las fuerzas de seguridad en Nuevo León ocasionaron la muerte de unas dos mil personas en 2011.
Monterrey ha sido catalogada como una de las ciudades más acosadas por la narcoviolencia.
Ambos esposos salieron media hora antes, Brittany ahora es ama de casa y su esposo continua contando historias, los personajes y los hechos de esta novela son reales estoy en deuda con los que generosamente me dieron la información.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la Vida.
Monterrey Bajo Fuego Mariposa Technicolor...
De mi Libro Monterrey Bajo Fuego..
Debe advertirse que quien busque unidad temática o estilística en este libro no va a encontrarla: aquí lo anecdótico, lo chusco, lo dramático, lo trivial, aun lo poético entran en conjugación solo por la integración del enfoque psicológico.
En el libro Monterrey Bajo Fuego existen mezclados lo bueno y lo malo en buenos y malos, sin maniqueísmo, sin parálisis ca...racterológica de los tipos y arquetipos literaturizados; en el relato confluyen la magia, la contradicción, la tensa agresividad, la destructividad de los hechos y los dichos de una vida conflictiva propiciada por un gobierno endeble que le declaro la guerra al narco.
Mariposa Technicolor...
A punto ya de dormirme escucho que a la puerta tocan repetidas veces. Con pereza, pero con curiosidad, me incorporo y abro. La noche solitaria me golpea en el rostro y recuerdo historias de miedo en las que nunca creí.
Vuelvo al lecho, mas sólo un insomnio sin sosiego me acomete. Saco de la almohada recuerdos que no me ayudan a dormir; decido tomar un baño. Al ponerme en pie una presencia desmiente la soledad de la habitación y en la oscuridad giro para toparme con una mirada que taladra mi mente. Digo: Imposible, impensable. De mil maneras imagino cómo pueden esos ojos revolotear ante mí como oscuras e inquietas mariposas.
Enciendo la luz: nadie.
Regreso del baño. Olor. Humedad y olor después del baño tocan fibras de mí que no domino. No son mi humedad y mi olor; hay alguien allí. La piel húmeda se eriza con facilidad. Mi piel erizada es alcanzada levemente por el rumor de una piel que no es mi piel; es la piel de alguien más que está y no está, es la piel de una mujer que en silencio me mira con sus ojos abiertos como dos mariposas en la oscuridad.
Un gemido inquieta el oído, pero la piel erizada de una mujer ya es algo que habla directo al tacto. Un cuerpo de mujer acompaña mi lecho. Su piel es una bandera de poros que erizados ondea lentamente a mi alrededor como una tortura. Le pregunto: ¿Quién eres? No me responde, salvo con una sonrisa silente en forma de enigma.
Tal erizada bandera tiembla al más mínimo roce. Pero es casi una imagen, casi inmóvil, sólo desplaza algunos poros que me hacen imaginarme arándola y embarazando sus labios.
Ella ha visto quizás mis pensamientos, pues alza su cuerpo sobre el mío y acaricia mi rostro mientras mi piel erizada hierve hasta fundirse con su piel imposible. Cuando su mano pasa cerca de mis ojos veo que tiene grabada una mariposa azul que revolotea enloqueciendo lo poco sensato que queda en mis sentidos.
No te detengas, no te detengas. Así piensa mi mente absorta temiendo volver a una realidad aburrida de insomnios y noches solitarias. Su mente razona como la mía y sin hablar me ordena: Sumerge tu piel al centro de esta bandera. Rodearé con mi cuerpo tu tembloroso arsenal de poros erguidos.
Podría estar así durante horas y sólo pensar: Más, más, más. Escucho así un gemido y no sé si es de ella o mío; sólo entonces me percato de que mi cuerpo ha horadado su cuerpo palpando así dentro de ella un maremoto hirviente que una, y otra, y otra vez, se nutre de mis sudores.
Pleno de mí, fuera de sí mismo, sudando gemidos desde el centro de ese volcán que a tientas franqueo, ella sonríe y piensa: Más, más, más. Escucho sus palabras que no son pronunciadas y lamo con mis poros el jugo agridulce que mana de sus heridas. Sus montes floridos se debaten en cataclismo mortal entre mis dientes y un néctar dulce, muy dulce, me hace un animal.
Planeando sobre el lecho nuestros labios devoran en tumulto las francas delicias que se orientan a puntos cardinales opuestos. Sacerdotisa de mí, rinde el tributo debido al dios de piel y sangre que quiere a través de su garganta poseerla toda. Su sonrisa tortura el arma enhiesta que una y otra vez palpita insistiendo en estallar entre sus labios.
Mi lengua batalla con la suya hasta que en silencio ruega por un espacio para respirar. Es inútil, pues el aire somos ambos y sólo sofoca los sentidos. Mi cuerpo es una serpiente que furioso palpita frenético en el interior de ese abismo rosado que la engulle enloquecido. Su mirada se convierte en un delirio intolerable que ruega a mis manos, en trémula emoción. Mis manos obedientes escarban gozosas las zonas que a ser exploradas ofrece.
Caricias lentas, explosiones.
Mi cuerpo es ahora un unicornio que cabalga al fondo de su abismo, provocando espasmódicos estallidos de divina furia que la transfiguran en una bestia de lujuria. Ya su mente no piensa, ni la mía. Sus ojos sudan entreabiertos, mirando absortos cómo devoro ávido, nunca satisfecho, las pequeñas frutas trémulas bajo su rostro, mientras sus alas rasgan mi piel al intentar aferrarse a algo cuando un volcán, dos volcanes, estallan impregnando las pieles con magma hirviente.
Ya no hay oscuridad, ni luz.
Hago maromas que me garantizan sus rincones, y la siento gemir en silencio. ¿Hace frío o es otra sensación la que hace que tiemble su piel toda? El cuerpo de la mariposa azul se ofrece sin embargo con perfecta complacencia a los manejos de mi arma enhiesta que ahora es canalla viciosa de sus humedades.
El ejército de mis yemas se introduce entre sus labios. Como fauno retozo dentro de tal oscura cueva que bajo su espalda se oculta. Su mente profiere palabras inconexas para bendecir el triunfo de mi arma enhiesta, que palpita. Senos erguidos como morros, vientre contraído, ojos sedientos. Sus manos juguetean con sustancias que brotan de su centro y las mías rasgan su piel en violentas sacudidas. Pequeños maremotos preceden a sus gruñidos entrecortados, que marcan la rendición de su cuerpo a mis ataques, y la certeza de una próxima explosión me hace perder la conciencia hundiendo mis labios en su castaño cabello.
Despierto en la mañana solitario y sin sosiego. Marcas en mi piel me hacen dudar de mi cordura. Una pequeña mariposa azul ha quedado grabada en uno de mis hombros.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la Vida…
Debe advertirse que quien busque unidad temática o estilística en este libro no va a encontrarla: aquí lo anecdótico, lo chusco, lo dramático, lo trivial, aun lo poético entran en conjugación solo por la integración del enfoque psicológico.
En el libro Monterrey Bajo Fuego existen mezclados lo bueno y lo malo en buenos y malos, sin maniqueísmo, sin parálisis ca...racterológica de los tipos y arquetipos literaturizados; en el relato confluyen la magia, la contradicción, la tensa agresividad, la destructividad de los hechos y los dichos de una vida conflictiva propiciada por un gobierno endeble que le declaro la guerra al narco.
Mariposa Technicolor...
A punto ya de dormirme escucho que a la puerta tocan repetidas veces. Con pereza, pero con curiosidad, me incorporo y abro. La noche solitaria me golpea en el rostro y recuerdo historias de miedo en las que nunca creí.
Vuelvo al lecho, mas sólo un insomnio sin sosiego me acomete. Saco de la almohada recuerdos que no me ayudan a dormir; decido tomar un baño. Al ponerme en pie una presencia desmiente la soledad de la habitación y en la oscuridad giro para toparme con una mirada que taladra mi mente. Digo: Imposible, impensable. De mil maneras imagino cómo pueden esos ojos revolotear ante mí como oscuras e inquietas mariposas.
Enciendo la luz: nadie.
Regreso del baño. Olor. Humedad y olor después del baño tocan fibras de mí que no domino. No son mi humedad y mi olor; hay alguien allí. La piel húmeda se eriza con facilidad. Mi piel erizada es alcanzada levemente por el rumor de una piel que no es mi piel; es la piel de alguien más que está y no está, es la piel de una mujer que en silencio me mira con sus ojos abiertos como dos mariposas en la oscuridad.
Un gemido inquieta el oído, pero la piel erizada de una mujer ya es algo que habla directo al tacto. Un cuerpo de mujer acompaña mi lecho. Su piel es una bandera de poros que erizados ondea lentamente a mi alrededor como una tortura. Le pregunto: ¿Quién eres? No me responde, salvo con una sonrisa silente en forma de enigma.
Tal erizada bandera tiembla al más mínimo roce. Pero es casi una imagen, casi inmóvil, sólo desplaza algunos poros que me hacen imaginarme arándola y embarazando sus labios.
Ella ha visto quizás mis pensamientos, pues alza su cuerpo sobre el mío y acaricia mi rostro mientras mi piel erizada hierve hasta fundirse con su piel imposible. Cuando su mano pasa cerca de mis ojos veo que tiene grabada una mariposa azul que revolotea enloqueciendo lo poco sensato que queda en mis sentidos.
No te detengas, no te detengas. Así piensa mi mente absorta temiendo volver a una realidad aburrida de insomnios y noches solitarias. Su mente razona como la mía y sin hablar me ordena: Sumerge tu piel al centro de esta bandera. Rodearé con mi cuerpo tu tembloroso arsenal de poros erguidos.
Podría estar así durante horas y sólo pensar: Más, más, más. Escucho así un gemido y no sé si es de ella o mío; sólo entonces me percato de que mi cuerpo ha horadado su cuerpo palpando así dentro de ella un maremoto hirviente que una, y otra, y otra vez, se nutre de mis sudores.
Pleno de mí, fuera de sí mismo, sudando gemidos desde el centro de ese volcán que a tientas franqueo, ella sonríe y piensa: Más, más, más. Escucho sus palabras que no son pronunciadas y lamo con mis poros el jugo agridulce que mana de sus heridas. Sus montes floridos se debaten en cataclismo mortal entre mis dientes y un néctar dulce, muy dulce, me hace un animal.
Planeando sobre el lecho nuestros labios devoran en tumulto las francas delicias que se orientan a puntos cardinales opuestos. Sacerdotisa de mí, rinde el tributo debido al dios de piel y sangre que quiere a través de su garganta poseerla toda. Su sonrisa tortura el arma enhiesta que una y otra vez palpita insistiendo en estallar entre sus labios.
Mi lengua batalla con la suya hasta que en silencio ruega por un espacio para respirar. Es inútil, pues el aire somos ambos y sólo sofoca los sentidos. Mi cuerpo es una serpiente que furioso palpita frenético en el interior de ese abismo rosado que la engulle enloquecido. Su mirada se convierte en un delirio intolerable que ruega a mis manos, en trémula emoción. Mis manos obedientes escarban gozosas las zonas que a ser exploradas ofrece.
Caricias lentas, explosiones.
Mi cuerpo es ahora un unicornio que cabalga al fondo de su abismo, provocando espasmódicos estallidos de divina furia que la transfiguran en una bestia de lujuria. Ya su mente no piensa, ni la mía. Sus ojos sudan entreabiertos, mirando absortos cómo devoro ávido, nunca satisfecho, las pequeñas frutas trémulas bajo su rostro, mientras sus alas rasgan mi piel al intentar aferrarse a algo cuando un volcán, dos volcanes, estallan impregnando las pieles con magma hirviente.
Ya no hay oscuridad, ni luz.
Hago maromas que me garantizan sus rincones, y la siento gemir en silencio. ¿Hace frío o es otra sensación la que hace que tiemble su piel toda? El cuerpo de la mariposa azul se ofrece sin embargo con perfecta complacencia a los manejos de mi arma enhiesta que ahora es canalla viciosa de sus humedades.
El ejército de mis yemas se introduce entre sus labios. Como fauno retozo dentro de tal oscura cueva que bajo su espalda se oculta. Su mente profiere palabras inconexas para bendecir el triunfo de mi arma enhiesta, que palpita. Senos erguidos como morros, vientre contraído, ojos sedientos. Sus manos juguetean con sustancias que brotan de su centro y las mías rasgan su piel en violentas sacudidas. Pequeños maremotos preceden a sus gruñidos entrecortados, que marcan la rendición de su cuerpo a mis ataques, y la certeza de una próxima explosión me hace perder la conciencia hundiendo mis labios en su castaño cabello.
Despierto en la mañana solitario y sin sosiego. Marcas en mi piel me hacen dudar de mi cordura. Una pequeña mariposa azul ha quedado grabada en uno de mis hombros.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la Vida…
domingo, 12 de mayo de 2013
Historias de Inframundo Bar 3,33
Historias de Inframundo Bar 3,33
Fui a beber al Bar 3,33, me senté en la barra como siempre y pedí mi tarro bien helado. A pesar de que nada se interponía a la rutina, algo me pareció distinto aquella tarde, Habuhiah, mi ángel de la guarda me lo advierte, están aquí entre trago y trago, absorto me encuentro en mis pensamientos.
Los comensales estaban tan concentrados en sus conversaciones y sus bebidas, que ninguno se percato de que en la mesa numero diez se encontraban los cuatro jinetes del Apocalipsis. Cuatro caballos amarrados afuera del local confirmaron mi sospecha. Me pareció increíble que nadie más se hubiera dado cuenta. Estoy seguro de que todas las miradas se habrían vuelto hacia aquella mesa de haberse tratado de algún mediocre actor de telenovelas.
El pánico me invadía Habuhiah me advertía que no fuera, pero la curiosidad pudo más. Deje mi lugar en la barra y me dirigí hacia ellos. Clavaron sus ojos en mi y sin haberles dirigido palabra todavía aquel que llaman Muerte acerco una silla y me pidió que me sentara, le hice una seña a mi ángel de la guarda y este se sienta a su lado. En otras circunstancias, habría hecho un intento por romper el hielo; el chiste sobre el político rata hubiera funcionado bien. Pero no era momento de socializar. Después de unos segundos de vacilación abrí la boca para preguntarles si se encontraban para destruir el mundo. No solo me dijeron que si, también confesaron que su plan ya se encontraba en acción Sin embargo, nada fuera de lo común ocurría. Con un nudo en la garganta, les hice notar que el mundo seguía en pie.
La Muerte me dijo que viera mas allá. Sus compañeros nos seguían mirando fijamente. Miré alrededor y encontré todo muy normal, común y corriente. Salí a la calle y me pareció que aquel era el día más apacible, un día lluvioso, el cielo gris, cabezas agachadas por la derrota de los Tigres, volví al bar y les dije que afuera no pasaba nada, que el mundo seguía girando.
Uno de los jinetes me tacho de ingenuo. Dijo que la destrucción del mundo había empezado hace muchos y que nosotros éramos sus intermediarios, que acaso ayer no se dieron en la madre los aficionados, el papa que mato a su bebita porque le molesto que llorara.
- Nosotros les dimos instrumentos que utilizaron como armas.
- Les dimos fuego e hicieron guerra.
-Les dimos muerte y continuaron menospreciando la vida.
Entre trago y trago, me digo ¡Soy un ignorante de la vida!.
Antes de alejarse en sus caballos que parecían cuatro sombras siniestras, la Muerte advirtió:
-Rondaremos la tierra algunos años más, después nos uniremos en un solo ser y volveremos para acabar con todo, Nos llamaremos hombre.
Y así embriagado, dando sorbos a mi bebida observe a los caballeros cruzar el umbral de la vida.
Comprendo que de eso se trata la vida, la historia nos proporciona de lo que debemos hacer en el presente para no repetir los errores del pasado.
Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la Vida...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)