viernes, 21 de noviembre de 2014

Para esta Navidad

Hola amig@s!!! desde este momento, estoy oficialmente en horario de modo navideño.

Cualquier fiesta de la colonia, carne asada, fritanga, asado, parrillada, cantada, bbq... por favor me invitan!

Tengo whatsapp, email, Facebook, teléfono para que me avisen; válido hasta febrero del 2015.

Además.... y por si fuera poco, destapo cervezas, mezclo el whisky, sirvo el pisto; sé asar carne, pollo, costilla, todo lo que se les ocurra!.

Sé prender carbón, tengo ipod con música de todo tipo o en su defecto USB.

Como poco, duermo en el piso, acompaño a la playa o montaña, sé nadar... juego dominó, cartas, billar y me dejo ganar!.

Canto karaoke, amenizo las reuniones, cuento chistes, calmo borrachos, manejo y no me duermo, jodo y aguanto bromas.

Tomo cerveza, vodka, whisky, tequila en galones, agua de los floreros o lo que sea de trago.

Sé primeros auxilios, prendo fogatas, peleo, hago mandados y traigo los vueltos completos.

Sé hacer menudo o chilaquiles para curar la cruda y no dejo caer el ánimo ni los dejo dormir.

Sé prender pólvora, palomitas, cuetes, luces de bengala y todo lo relacionado y no me quemo!.

Contrato mariachis, tríos y comparsas.

Manejo y estaciono carros, recojo su tiradero, acuesto borrachos y veo partidos.

No me vayan a dejar fuera de estas navidades y fin de año!.


Saludos!

miércoles, 22 de octubre de 2014

RENUNCIA RODRIGO MEDINA


Luego del desinforme de Rodrigo Medina, escuchamos, según el, que Nuevo León está mejor que nunca. Según cero secuestros, cuando es una mentira, en el sistema nacional de seguridad pública están registrados 33 en lo que va del año. Según él hay deuda, por que hay mucha obra. Que opinas?


domingo, 24 de noviembre de 2013

Lo hemos dejado de hacer...

“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante” 

Nos cuesta leer. Lo que tanto nos gustaba hacer antes lo hemos dejado de hacer. Los tiempos avanzan pero eso no significa que se haga para mejorar. 
Tan lejos quedaron aquellos momentos cuando comprábamos un libro y lo leíamos desde la portada hasta la contraportada. Cuando le dábamos un lugar en nuestro librero preferido y lo evocábamos cada vez que veíamos, recordando sus textos… Lo olíamos incluso. Lo releíamos. Permanecía con nosotros y su visión inerte en un mueble nos evocaba innumerables historias. Un libro nos marcaba y lo queríamos cerca, para contemplarlo. Al igual que todas esas tardes gozando entre los pasillos de alguna librería, rodeados de tomos, novedades o no, envueltos en letras para leer portadas, para decidir y conseguir nuevos razonamientos para soñar.

Nos cuesta leer. Hemos perdido la costumbre y cuando algo deja de practicarse acaba por olvidarse. Ya no nos acordamos de aquellos momentos que perdíamos eligiendo un disco que acababa de salir al mercado, el tiempo que necesitábamos para elegir entre uno y otro comparar portadas que eran todo un arte y que nos provocaba tener que escuchar varios y dar un repaso por las últimas novedades antes de decidirnos por uno u otro. Y conservar el disco. Escucharlo nuevamente, ya fuera en el tocadiscos o en el reproductor más moderno. Porque antes se valoraba la calidad del sonido, ahora lo que se lleva es escucharlo todo y cuanto antes mejor y cuanto más mejor. Con la llegada del CD ya no absorbe ni atrae obtener y guardar el material, tan sólo en consumirlo.

La afición del coleccionista se perdió con la modernidad.

Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El lado bueno..

Ser buena persona no significa que hay que dejarnos pisotear por los demás.
 Hay personas que es mejor olvidar, cosas que es preferible no saber y momentos que es mejor no recordar. Aprende a alejarte de las personas que te demuestran que no te necesitan. 
En la vida todo llega, todo pasa, todo cambia. La vida me ha enseñado que siempre hay que buscarle el lado bueno a las cosas y recordar que todo pasa por algo...

Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida...

Juan el billetero de Morelos


Incrédulo de posibles alineamientos planetarios, prevenido con golpes repentinos del destino y malicioso ante cualquier llamado de la suerte, el abogado Martínez supuso que, gracias a la voz de Juan, el vendedor de lotería aquel billete de lotería que le ofrecía podría cambiar el rumbo a su vida. 
De inmediato, detuvo sus pasos acelerados, volteó con elegancia y preguntó, Amigo, qué número acaba de ofrecerme. Juan lo miró con sus oídos, pues sus ojos dejaron de funcionar luego de un accidente de tránsito, y respondió, Seis veintiocho, señor.
Con las manos ásperas, pero con el cuidado de un tallador de madera, Juan desprendió el billete y le entregó al abogado Martínez la posibilidad de poseer dos mil millones de pesos. Entre tanto, el abogado dispuso el papel en medio de su agenda, convencido de tener el número ganador de ese día.
Juan había llegado a su punto de venta hacía media hora y ese era el primer cliente de la mañana. Dispares, ajenos y hasta enemigos, estos dos hombres habían cruzado sus caminos y realizado una transacción comercial sin que uno de los dos advirtiera que ese día pasaría algo así.
Toda una paradoja: mientras el billetero rebuscó en sus bolsillos alguna moneda para comprar unos tacos, el abogado Martínez se había hostigado con la dulzura del chocolate, del súper siete este se daba el lujo de dejar el vaso medio lleno.
Pero no hay justicia si se ve desde un solo ángulo, así que las paradojas también pueden ser en contra. Mientras Juan se había despedido de su esposa con un cálido beso, la mujer del abogado Martínez completaba un mes fuera de casa, la falta de amor y las malas noches se volvieran una constante, por lo que había empacado sus cosas para marcharse indignada. Qué paradoja: un abogado que descree de la suerte y tiene el cinismo de ser un mal amante.
El día pasó para Juan sin mayores avisos de sorpresa. A su invisible puesto de venta se acercaron tres universitarios para preguntarle cosas de su vida y tomarle fotos, aunque no pagaron un peso por la información. Dos solteronas compraron cachitos inverosímiles, de números irracionales y cargados de mala suerte. Un borracho preguntó por Doña Mary la vendedora de globos y amor al mejor postor y Juan contestó, No, don Benjamín, enferma por la borrachera de anoche. Dos desempleados también invirtieron parte de sus almuerzos en un cachito.
A las cinco y treinta de la tarde, Juan recogió su toldo de mentiras, guardó sus ilusiones numéricas y emprendió el regreso a casa. Mientras viajaba, quiso tener un detalle romántico con Amanda, su esposa, y, por eso, cambió un paquete de margaritas por dos cachitos de terminación cinco. Armado de flores, muerto del hambre y completamente exhausto, Juan entró a su hogar para recibir un beso lento, lentísimo, de Amanda.
Hicieron el amor dos veces, una cuando se dijeron buenas noches, y otra en la mañana, cuando sin hablarse se saludaron con sexo. Las tibias piernas de Amanda hicieron que Juan renunciara a su trabajo por ese día, seguro de que la suerte no llegaría con la lluvia. Así que se metieron de nuevo entre las sábanas, Juan jugó a ser el tigre de Neruda y enamoró a su esposa. Ella, tímida, complaciente y celosa, detuvo los ímpetus malsanos de su marido, quien insistía por ir a cumplir con su deber.
Mientras al otro lado de la ciudad los amantes se devoraban, el abogado Martínez aguardaba, bajo el aparador de Sanborns completamente empapado por la lluvia, la llegada de aquel ciego que le había hecho ganar dos mil millones de pesos.

Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida .

sábado, 7 de septiembre de 2013

Beto o Don Beto es la cuestión...

Beto o Don Beto es la cuestión!

Cuántas cosas esconden las personas que trabajan en la calle, cómo es su vida, su “horario de trabajo” y sobre todo, que sienten cuando trabajan, cuando hay una moneda o cuando no. 

Ésta es la suerte de los que no han sido escuchados aún.

Más conocido como “Beto”, este pequeño se levanta muy temprano y alista todos sus útiles. Camina muchas cuadras hacia el norte, y en la ave- Ruiz Cortines y Simón Bolívar frente a una gasolinera, deja todos sus útiles de trabajo, cierra los ojos, ora y le pide a Dios que le vaya bien, pues no quiere quedarse sin un peso esta noche.

Sin saber matemáticas, pues no recibió educación alguna, sabe que tiene menos de un minuto (lo que dura el semáforo del crucero de rojo a verde) para lavar los vidrios de los carros que pasan por esa Avenida. A él no le gusta mendigar, pues pedir limosna, “es como robar, pero decentemente” tal como afirma él.

El agua la tiene que sacar de una manguera donde riegan la jardinera de la gasolinera, e inmediatamente la vierte en el balde que le tiene que durar hasta la noche.
Es la primera vez que veo una persona, más aún, un niño que trabaja de 8:00 AM a 8:00 PM casi sin descanso, siempre solo, sin tener ni siquiera 15 minutos para almorzar, y con qué dinero, si la gente lo desprecia.

La esperanza de este niño se enciende como el semáforo que ahora está en rojo, pero le dura tan poco, como el tiempo que dura el semáforo cuando está en verde. En pocos minutos, empieza a limpiar los vidrios de los carros, muchas veces le pitan o le echan el carro atrás (casi a punto de atropellarlo) para que no lo limpie, le suben la ventana y los conductores le miran su tristeza y su agonía al rogarle que le den una moneda para que pueda comer por la noche. A cada rato, Beto se planta firmemente en la ventana del conductor y sin murmurar palabra, no alcanza a decir ni siquiera “por favor”, y los conductores lo niegan, lo ignoran; por eso, a veces toca lanzarse al limpia brisas de adelante, a veces al de atrás para que a los conductores les toque dar aunque sea una simple moneda. Me pongo a pensar si Beto serviría para ser psicólogo.

Su tristeza queda por siempre impregnada en la ventana del conductor que a veces no tiene la conciencia de los niños de la calle, no tiene noción de lo que le sucede a Beto; entonces el pequeño se resigna, le agradece y con las manos vacías intenta con otro carro.
La suerte es la que gobierna ahora y el “no” abunda en las respuestas. Otro turno en el que no gana nada, otro turno en el que se irán las manos negras de trabajo, mientras los carros Mercedes, BMW y Volkswagen arrancan directo al Obispado, o simplemente siguen la trayectoria por la Ave Ruiz Cortines.

Y a la típica escena de película, empieza a hacer bastante calor, aunque para el pequeño limpia vidrios no es excusa para que huya de su misión y persiste en trabajar; espera que nuevamente el semáforo cambie a rojo para seguir trabajando, un nuevo trabajo, una nueva esperanza, y esta vez, muchos carros. De nuevo el balde, el limpiavidrios y su sonrisa. De nuevo la negación, el vidrio, los carros y la tristeza.

Ya se acerca la noche, y “Beto” solo recibió $100 pesos, seguramente es muy poco, pero cien pesos le sirve para huevos y frijoles, tortillas y leche y jugar a las maquinitas.

Han pasado dos días y Beto no aparece en la calle, pareciera que se hubiera tomado el día libre, quizás hoy no venga a trabajar; en cambio, sus “compañeros de oficina” se esfuerzan por ganar más, aprovechando que él no viene, o quizás le ayuden cuando regrese, pero en este mundo, donde escasea el dinero, donde cuesta trabajo trabajar (más aún en la situación de esta “profesión”), donde muchos Betos empiezan a quedarse sin estudio; hay que dudar que las monedas que consigan niños de su misma edad, incluso mayores y menores que él, se la puedan dar. Muchos necesitan el trabajo para mantener a la familia. Para sobrevivir en este mundo complicado e incluso para evitar caer en la pena de pasar hambre.

Después de estar ausente esos días, sucio y más cansado que nunca, “Beto” llega a su lugar de trabajo y repite la misma situación, pero él ya está acostumbrado – según él – pero no están acostumbrados sus ojos, su fuerza. El trabajo lo va desgastando poco a poco, menos horas de sueño, menos comida, más trabajo, más horas, más noches.

Al haberle preguntado el porqué de su ausencia los días anteriores dio una respuesta cómica. Es increíble que un niño como él tenga suficiente humor y creatividad para momentos tan difíciles como el que atraviesa casi a diario: “es que quise tomarme unas cortas vacaciones” – me dice mientras abandona en el suelo sus útiles. Definitivamente una respuesta agridulce, pero así es él, un niño de apenas 12 años y con un enorme sentido del humor, que pone a pensar, cómo tanto trabajo nos pone a veces de muy mal humor.

Cuántas veces vemos a nuestros familiares que llegan muy cansados, a veces de mal genio y otras veces silenciosos después del trabajo; en cambio, éste pequeño siempre tiene un ánimo gigante, una esperanza diaria y sobre todo, un empuje a hacer las cosas que varios niños de “otra estirpe” no lo harían. Su espontaneidad de su respuesta me deja impresionado, me llena de energía saber que existe gente como él, y que nadie le preste aunque sea cinco minutos para conocerlo.

Así puede ser la situación de varios niños que trabajan en diferentes calles de esta Cd. que presume su primer mundo, unos pueden sufrir más que Beto, otros menos que él. Así es la vida de los hombres que nunca los oyen hablar, de los que no tienen como hacerlo ni como expresarse en una sociedad que en su gran mayoría, le importa menos el otro, ya sea por cualquier motivo válido o no válido. Así viven lo que jamás son escuchados, los que gracias a una poca cantidad de gente buena son auxiliados; pero muchos no nos damos cuenta de su sufrimiento, de la realidad que viven aquellos seres, una realidad que puede ser muy distinta a la nuestra.
Y si así son los “niños de la calle”, los limpiavidrios. ¿Cómo será la realidad de los pordioseros, los indigentes, los “desechables” y los necesitados?.

Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida.

Mensajes Celestiales...

Mensajes Celestiales
Llegó agosto y los vientos empezaban a arreciar. –Constrúyenos una cometa papá-, pidieron los niños. -Este fin de semana-, les prometió sin convicción el padre, mientras pensaba en cómo hacer para llegar sin deudas a fin de mes. Desde que su esposa muriera se complicaba la vida para ellos. Había tomado la difícil decisión, contra los consejos mayoritarios, de aceptar un trabajo de medio tiempo para atender a sus pequeños y estar en casa cuando ellos llegaran de la escuela. Pero le estaba pasando factura el esfuerzo. Los gastos eran muchos y el dinero escaseaba.
Llegado el fin de semana le pidieron hacer la cometa. –Lo siento niños, no tengo dinero para comprar los materiales. –No te preocupes papito, ahorramos lo del domingo y compramos el papel y las cañitas, podemos hacer engrudo con un poco de harina y listo, porfis. Derrotado ante tal argumento, el papá se dispuso a confeccionar el delicado artefacto volador. Decidieron hacerlo en forma de rombo, como cola le ataron retazos de un viejo mantel. Unos cuantos pesos extraídos del bolsillo del padre solucionaron lo del carrete.
Al día siguiente, domingo por la tarde, salieron al parque a volar el artificio de papel y caña. El poco viento no elevaba la cometa y los niños estaban muy tristes ante los frustrados intentos. El papá estaba algo incómodo por el tiempo empleado y quería volver a casa para seguir trabajando en algunos pendientes. –Papá una vez más por favor, es importante que la cometa llegue muy muy alto-. -¿Porqué niños, el próximo domingo lo haremos?. – No, porfis, tiene que ser hoy. –Pero comprendan no sopla el viento y se me hace tarde. –Papito tiene que ser hoy, porque mañana de repente decides volver a trabajar todo el día y no te veremos ni los fines de semana y necesitamos que la cometa llegue alto para que la vea mamá desde el cielo y se acuerde de nosotros y… de repente nos envíe algo de ayuda para que el dinero nos alcance y no tengas que dejarnos solos en las tardes…
El silencio se extendió por todo el lugar. Miles de preguntas empezaron a surgir en la mente del padre. No dijo nada más, le dio el carrete al mayor y empezó a correr con la cometa, a determinada distancia la soltó y entonces se elevó por los aires, volvió donde sus hijos, pero no agarró el carrete, dejó que ellos lo manejaran, indicándoles suavemente de vez en cuando que hacer para que no cabecee tanto, para que se vuelva a elevar, así, hasta que agarró impulso y era un punto casi irreconocible en el cielo. Al regresar a casa una determinación se fortaleció en el corazón del padre, una seguridad se anidaba en el alma de los niños y hasta el horizonte parecía que les sonreía. Nuestro ángel en el cielo recibió el mensaje.

Soy Hank Chinaski desde el Backstage de la vida…