Piense en el marino que rehusó viajar con Colon porque el almirante traía rotas las medias.
El fiscal obtuso que mando a Cervantes a la cárcel por tracalero, en lugar de darle papel y pluma para escribir.
Piense en el hombre que vivía frente al cuarto de Dolores, aquel que no quiso levantarse de la cama cuando oyó replicar la campana de la libertad.
O el jefe de redacción de The New York Times que se negó a aumentarle la paga a un oscuro corresponsal europeo llamado Karl Marx.
Se perdió su lugar en la historia el vecino de Kafka, que nunca entablo conversación con ese anímico con cara de burócrata.
Como lo perdió el que no quiso prestar unos dolares a los hermanos Wright para su avión de palos y tela. Porque no le interesaban los aparatos de circo.
A la distancia de los años. de los siglos, todos ellos nos parecen torpes, miopes.
Pero póngase en su lugar: si el 24 de Diciembre le cae una familia sospechosamente pobre, con el cuento de que no tienen para la maternidad de la doña ni casa para reposar, ¿ les ayuda?, ¿ les abre la puerta?.
Piénselo dos veces no vaya ser que también se pierda su lugar en la historia...
P.D
Estoy pendiente con la segunda parte de Cenicienta Actual....